Elige tu idioma

EnglishFrenchGermanSpainItalianDutchRussianPortugueseJapaneseKoreanArabicChinese Simplified

EL PECADO DE LOS HIJOS DE AARON.- Por Rafael Mora



"Nadab y Abiú, hijos de Aarón,  tomaron cada uno su incensario,  pusieron en ellos fuego,  le echaron incienso encima, y ofrecieron delante de Dios un fuego extraño, que Él nunca les había mandado. Entonces salió de la presencia del Señor un fuego que los quemó,  y murieron delante de Dios.

Si habláramos de probabilidades para ser honrado, nadie tenía más para ello, después de Moisés y Aaron, que Nadad y Abiú. Pero solo cabe pensar que se llenaron de orgullo y que el vino los alentó más.

El Pueblo adorando la Gloria del Señor y mientras tanto los hijos de Aaron entraron en el Tabernáculo a ofrecer holocausto aunque no en el momento que se debiera haber hecho, ni entrar solos, sino que precipitadamente entraron los dos y ofrecieron "un fuego extraño" al Señor. Cayeron quemados por el Fuego Divino.

Si hubieran actuado por ignorancia, podría haberse realizado ofrendas por el pecado, pero al actuar presuntuosamente y con desdén ante la Majestad de Dios y Su Justicia, fueron cortados de raiz.

Cada vez que adoramos a Dios, nos acercamos a Él como sacerdotes espirituales. Esto debe ponernos muy serios en todos los actos de devoción. Cuando nos acercamos a Dios, nos concierne a todos hacer todo acto devocional, como quienes creen que el Dios con quien tenemos que ver, es el Dios santo. Él se vengará de aquellos que profanan su sagrado Nombre usándolo livianamente.

 Las aflicciones debieran estimularnos a cumplir nuestro deber, en vez de alejarnos. Pero nuestra ineptitud para el deber, cuando es natural y no pecaminosa, nos permitirá que tengamos grandes concesiones a causa de ella; Dios tendrá misericordia y no sacrificio.

Aprovechemos la solemne advertencia que transmite esta historia. Cuando los profesantes vienen a adorar con celo sin conocimiento, con afecto carnal y pensamientos triviales, vanos, ligeros y terrenales, artificios todos de la adoración según la propia voluntad, en lugar de ofrendar alma y espíritu, entonces es cuando se enciende el incienso con un fuego que no vino del cielo, que el Espíritu del santo Dios nunca puso adentro de su corazón.

Muchos dicen que el primer pecado fué la desobediencia de Adán y Eva, pero ya hubo uno que por creerse superior en su propio orgullo pecó contra Dios y  Éste lo mandó a los infiernos. A Nadab y Abiú los "cortó de raiz" en el Fuego de la Ira por el orgullo que les inundó y ofender al Espíritu de Dios con altivez y desdeñosamente.

Que nuestra adoración sea sincera, sin orgullos ni presunciones, haciendo todas las cosas de Él, por Él y para Él. Amén!!!

Bendiciones.